9.4 Aniversario de la muerte de Hussein
(diciembre 1618 – febrero 1619)
En este inuierno, que fue por el fin del año de 1618 y prinícipio del de 1619, se notaron dos cosas en Spahan dignas de ponerse en memoria, tocando entranbas á rreligion, aunque la una del todo falsa y supersticiosa, y la otra, aunque verdadera, con los defectos y errores con que mas ó menos biuen los cristianos de Asia.
De la primera se tocó ya quando se trató de la ciudad de Xiras, sobre el sentimiento grande que todos estos sophianos hazen cada año en la luna de Dizienbre por la muerte [de] Hussen, hijo de Ali y de Fatima, hija de Mahamet, en odio de los sunis que le mataron, siendo y conprehendiendose en esta secta los árabes y turcos.
Y como en Spahan estuuiese la mezquita mayor tan vezina de la posada del Enbaxador, como se a dicho, tuuose mas particular rrelacion de lo que en esta cirimonia pasó, precediendo al principal y vltimo dia della por espacio de otros diez ó doze dias muchos sermones ansi en todas las mezquitas, plazas y demás lugares públicos de la ciudad, con grande concurso de gente de todo sexo. Son los que hazen estos sermones los que entre los persianos hazen profesión de honbres letrados en su ley, como entre los cristianos los sacerdotes, á quien vulgarmente llaman mulas ó cacizes, y estos con gran heruor predican, de partes altas, en los lugares ya dichos, refiriendo muy largamente y con palabras de mucho sentimiento la muerte de este gran profecta suyo.
Pero en los tenplos acude gente mas grave, particularmente de mugeres, y en esta mezquita mayor era el mayor concurso dellas, preuiniendo con gran cuydado, sus criados, antes de la ora de los sermones, lugar para sus estrados, con mucha anbicion y ponpa, siendo preferidas las mas honrradas y estimadas dellas, aunque sienpre sucedian rriñas y alborotos sobre las tales preferencias. Tiene este dicho tenplo por lo alto y alderredor, por la parte interior del, una varanda ó poyo bastantemente ancho, el qual lugar era tenido por mas conmodo y de gente que el suelo de abaxo.
Pero este interior sienpre por la mayor parte era ocupado de las mugeres de mechanicos y tenderos, aunque tanbien entre ellas muchas de mercaderes y otros ciudadanos, sin otro mas aparato que las demás, las unas y las otras con velos negros en las cabezas, y después muy cubiertas con sus mantos blancos, como se a dicho.
La varanda ó poyo superior era sienpre destinada para las cortesanas y mugeres públicas de mayor grado, siendo estas generalmente mas estimadas y honrradas que todas las otras mugeres vulgares, concediendoles el rey de Persia grandes inmunidades y exempciones, ansi por el prouecho que dellas le viene como por seguir muchas dellas en la guerra sus exercitos, porque las demás mugeres de los ministros y personages grandes nunca ó rraras vezes parecen sino es caminando, estando sienpre rretiradas y con guardas en sus arames.
Las cortesanas son muy mas conocidas entre las demás vulgares por andar mas lustrosas y aconpañadas, y á cauallo muchas vezes, y ansi eran preferidas en el asiento superior, y aunque en la cerimonia dicha enlutadas con sus velos negros, que algunos tanbien eran amarillos, o leonados, pero muv bien vestidas de sedas y tejillas de oro, á su modo, y los rrostros por la mayor parte descubiertos.
Las unas y las otras mostrauan grande atencion al sermón que cada uno de los dichos dias se hazia, que los de esta mezquita tocauan sienpre á los mulas ó alfaquis mas graues de Spahan, los quales, sentados en unas sillas como las que ay en los coros de iglesias catedrales, á que se subia por seis ó siete gradas, predicauan con gran vehemencia, ademanes y movimiento como nuestros predicadores de Europa. Vestianse todos para semejantes ocasiones de trage mas honesto que lo ordinario, y sobre los honbros, espaldas y pechos una gran beca negra de la qual colgaua hasta los pies una chia ó vanda de un pie de ancho, y sobre el turbante un velo negro que le cubría la mayor parte del.
Con las quales muestras de sentimiento y tristeza proseguía su sermón, siendo lo que contenía en él, primero grandes maldiciones á Abubaquer, tío y suegro de Mahamet y el primero que le sucedió en el Califado, y á Omar y Osman, que en la mesma dignidad uno después de otro sucedieron al mesmo Abubaquer, la dotrina de los quales es la que siguen los Sunis, pretendiendo la faccíon contraria á estos, que es la de los Sophianos, auer sucedido en la tal dignidad y principado de los árabes, Ali, primo ermano de Mahamet y casado con su hija Fatima, y después en Hussen y Hacen sus hijos, como nieto de su legislador, deuiendose por el consiguiente seguir su doctrina, rreprouando la de los otros como fuera del verdadero sentido de la que Mahamet dexo escrita en su Alcorán.
El rresto de la concion era contar muy por estenso la muerte de Hussen, que aunque fue en la guerra peleando con la faccion contraria, rrepresentavanla mas lastimosamente, diziendo que sus enemigos, que traían mucho mayor número de gente que él, le ocuparon la rribera del rrio Euphrates sin consentirle hazer agua, no pudiendo auerla en otra parte alguna. Y que ansi le fue forzoso, con muy pocos, auiendosele los demás huido por la sed que padecian, á pelear desesperadamente por no morir de sed, hasta morir con los suyos valerosamente peleando; exagerando mucho los dichos predicadores las grandes proezas que aquel dia hizo Hussen, y después lamentablemente la cruel muerte que le dieron sus enemigos, siendo estala causa principal de los muchos legados y mandas que se dexan en toda la Persia para hazer cisternas en los caminos y partes otras faltas de agua, porque no mueran de sed los pasageros.
Era esta conmemoracion y rremenbranza rreferida con tantas lagrimas y sentimiento de los predicantes, que las mugeres todas leuantando grandes alaridos se herian con gran furia y lamento los rrostros, dándose grandes bofetones y puñadas en ellos y en los pechos, como quando entre nosotros se predica los jueues y viernes sanctos la Pasión. Y era ansimesmo tan grande el rruido y llanto que en esta mezquita se hazia estos dias que se predicaua, que en lo mas apartado y rremoto de la posada del Enbaxador se oia clara y distintamente, y de las ventanas mas cercanas, las mesmas palabras del predicante, que muchas dellas rreferia al Enbaxador el intérprete que alli tenia.
Venia á parar todo el llanto y lagrimas que se a dicho en que acabada la predica el bueno y deuoto alfaqui se ponia á la puerta de la mezquita con senblante muy graue y triste, offreciendole todos, particularmente las mugeres, sigun la posibilidad de cada una, dinero, tocas y cabayas, que son las aljubas ó rropetas que vsan, siendo las que con mas largueza contribuian las cortesanas, como mas rricas, de manera que algunos dias, sin el dinero y tocas, les tocauan cinquenta ó sesenta cabayas.
Y porque el Enbaxador, preuiniendo el alboroto que pudiera suceder, mandó á todos sus criados al principio de los tales dias que ninguno entrase en la mezquita, ni se pusiesen cerca della quando predicasen, los mesmos edituos y ermitaños della y los mulas que predicauan les venian á pedir y rrogar que fuesen á oir sus sermones, ó porque sigun ellos se persuadían los podrían aficionar con ellos á que les pareciese bien su ley, ó por lo que es mas cierto, por ser todos los Sophianos menos escrupulosos que los Sunis. De manera que con general gusto de todos, muchos, ó los mas de los tales criados, entrauan y se detenían el tienpo que querían en la dicha mezquita en el ínterin que se predícaua.
El final día de esta su festíuídad se terminaua con juntarse toda la gente popular de la cíudad, armada con muchos penachos en los turbantes, y corrían á tropas con sus atanbores por todos los barrios y partes publicas della, sucediendo lo mesmo en todos los demás días de atrás, de que rresultaua algunas vezes pelear unos con otros, teniendo á los que en tales ocasiones morían por bien auenturados acabando en aquel mesmo tienpo que mataron á Hussen su profeta.
En este su vltimo día se juntauan todos con mayor ímpetu y furor que los otros y salían a un ancho canpo fuera de la ciudad, saliendo ansimesmo todos los mas principales della á cauallo con los governadores y demás ministros, y [en] este sitio diputado á tal ministerio, junto al río, hecho por los armados un gran cerco ponian en medio un camello atados los píes, y luego entraua el guazil ó visir, que es el principal governador, y con una lanza daua una herida al camello, rretirandose luego á gran priesa. Al mesmo instante acudían con gran furia y presteza los que mas cerca se hallauan y con las cimítarras hazían el camello pedazos, siendo tanto el concurso y grita de los demás por hazer lo mesmo, que unos enbarazandose con los otros quedauan algunos muertos de pies y manos y otros muchos mal heridos.
Y después de hecho el camello en muy menudos pedazos, los ponían en las puntas de las cimitarras, corriendo después por la ciudad con grandes clamores y conbatiendo unos con otros con tan notable tumulto que si los gouernadores, aunque muy aconpañados de soldados, les quieren inpedir semejante alboroto, les cargan de tantos palos y pedradas que tienen por bien de ponerse en cobro y dexarlos, saliendo descalabrados algunas vezes, porque el tal dia le es permitida esta licencia, como no vsen de otras armas, desculpandolos todos por creer que la mucha deuocion los tiene del todo furiosos y fuera de sí.
En el ínterin que se pasan estos venerandos dias suyos, andan muchos, como ya se dixo tratando de la ciudad de Xiras, del todo desnudos, fuera de unos pequeños pañetes con que cubren las partes secretas, y teñidos todos de negro, de suerte que parecen cafres aethiopes, y los tales, demás de andar baylando al rruido de unos atabalejos, quando topan con otros que andan de la mesma forma conbaten unos con otros luchando á cozes y á puñadas, y sí entonces pueden auer algún puñal ó cuchillo se matan, teniendo á los que mueren por santos y bienauenturados.
Otros, haziendo un gran hoyo en las partes adonde ay más concurso de gente, se entierran desnudos en él hasta la garganta, no pareciendoseles mas de la cabeza, teniendo allí con él cada uno otro conpañero que rrecibe la limosna que los mas de los que por allí pasan le offrecen. Y como muy cerca de la posada del Enbaxador por todos aquellos diez ó doze dias padeciese esta penitencia un persiano muy viejo, y al Enbaxador le pareciese pasando por allí á San Agustín y al Carmen á misa, por ser los dias de la Natiuídad y año nueuo, ser inposible sufrir aquel honbre de tanta edad semejante trabaxo, mayormente en tienpo de tan rrigurosos fríos, supo después que primero de entrar en el hoyo se metía el penitente en un cesto que tenia hecho, de su estatura, y calándolo luego abaxo y cerrándose muy bien el cesto ajustadamente por el cuello, tupian con tierra lo hueco que quedaua del hoyo, hasta quedar igual con el plano hasta la barua del penitente, y que luego en siendo de noche salia de aquella cueua con ayuda del conpañero, y después de auer comido y reposado de noche boluia por la mañana á su penitencia, aconpañandole el vltimo día della gran numero de gente, y de alli adelante tenido en gran rreputacion de sanctidad, aunque con mucha cantidad de dinero que en aquel tienpo le auian offrecido, siendo y auiendo auido sienpre semejantes inposturas, muy vsadas en diuersas partes del mundo para engañar al vulgo y ganar con él opinión.
Tanbien acostunbran muchas mugeres los tales dias, de las cortesanas ó que biuen con alguna mas licencia que las otras, andar solas con algún criado ó criada, muy aderezadas y galanas, sin mantos, y con un velo de gasa de oro y seda que les cubre cabeza y rrostro con lo mas de la dispusicion, pero que claramente se descubre si es hermosa, la qual lleua en la mano una caxuela de madera dorada, y llegándose á los honbres que topa se para sin dezir nada, muy mesurada y baxos los ojos, hasta que le offrecen algún dinero, el qual gastan con la gente mas pobre y menesterosa de que las tales tienen noticia.
Las mugeres que no hazen profesión de libres como estas, como en Madrid las que andan á pedir para misas, van mas aconpañadas, y aunque lo mas bien vestidas que cada una puede, muy cubiertas con sus mantos, rrecogendo tanbien en la mesma forma, para el mesmo efecto, el dinero que pueden.
Y es cosa muy de notar que todas la mugeres, ansi las dichas como todas las demás de qualquiera calidad y estado, en todo el tienpo de los dichos diez dias jamas se quitauan los mantos en sus casas, aunque anduuiesen ocupadas en sus ministerios familiares, sino que muy cubiertas como quando salian fuera, y con sus velos negros debaxo, mostrauan con todo este lucto su mucho sentimiento.
El Mophti de Spahan, que es en Persia como su Arzobispo primado, aunque deseó, sigun él se lo enbió á dezir al Enbaxador, visitarle, siendo tenido por muy letrado en su ley y gran philosopho, no se atreuio á ello, teniendo miedo al rey como tan sospechoso y rrecatado, pero muchas vezes le enbió rrecados con offrecimientos de toda buena cortesía, con un mula muy familiar del Enbaxador, que leia en algunos libros en persiano y se llamaua Hacen, tanbien como el de Xiras.
Con este mula le enbió el Mophti, en uno de los susodichos dias, al Enbaxador, un librillo pequeño en persiano que contenia la vida y muerte de Hussen, cuya memoria se celebraua entonces, para que el mesmo mula se la leyese, de que el Enbaxador gustó mucho, ansi porque alli se rreferian las causas y origen de las grandes diferencias de las dos facciones contrarias de los árabes sequaсes de la secta de Mahamet, como del heruor y mucha eficacia con que el mula leia, siendo el muy deuoto y rreligioso en lo que falsamente creia y uno de los que en publico y fuera de los tenplos predicauan. Parecia, sigun lo que en el librillo se dezia, auer sucedido esta lastimosa muerte de Hussen entre Cufa y Damasco, auiendo salido de Almedina con exercito á hazer guerra á los Sunis destas ciudades.
La cerimonia del camello, no auiendose hecho en Xiras, ni acostunbrarse en otra parte que en Spahan, parecio ser alguna costunbre inmemorial antichissima, como suele auer muchas semejantes en muchas partes de Europa, eredadas de una edad en otra, de la gentilidad, no obstante que en algunas prouincias intemeratamente se profese nuestra sancta rreligion. Porque auíendo preguntado el Enbaxador con mucho cuydado, en memoria de qué se hiziese la tal cerimonia, no supieron darle rrazon dello, aunque sospechó, sino era rrito gentílico, que se celebrase en el vltimo de los dichos dias como exsecracion contra los Sunis sus enemigos,
prometiendo y deseando la venganza en ellos de la manera que despedazauan aquel camello, y que en Spahan, como en metrópoli y cabeza del inperio persiano, se celebrase y usase el tal sacrificio.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo III, pp. 344 – 352)
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